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¿Cómo estás Hugo?

noviembre 17, 2011

Ernestina Mogollones escribió:

¿Cómo estás Hugo? ¿Arrecho? ¿Ladillado de que nada te salga bien? ¿Harto de la tanta y máxima incompetencia que te rodea? Te entiendo, debe ser frustrante esa vaina, pero yo, de pana y todo, te tengo la solución.

Has dividido el país en dos toletes, una paupérrima minoría que dice que te ama y la gran mayoría que te despreciamos. Dividiste mal, Hugo…, y ese es tu problema, que no supiste hacer la raya de división. El país ya estaba dividido antes de que tú llegaras, pero no como tú crees, en ricos y pobres, o en blancos y negros, o en negros e indios, sino en competentes e incompetentes. Los competentes, crean, generan riqueza, crean progreso, crean dinero, crean empleo, crean belleza, y aunque suene loco y redundante, crean creación. Los otros, tus lacayos, no crean nada, son mendigos, ojo, que eso no quiere decir que no tengan dinero; pueden tenerlo, pero no saben crear.

Sabes, es como… imagínate dos tribus que llegan a una isla…, una isla hermosa, llena de animales comestibles, y frutas, y vegetales, y todo eso. Una tribu se dedica a recolectar y cazar todo lo que consigue, la otra decide crear formas de sembrar, de criar animales, de luchar contra la naturaleza para depender lo menos posible de ella. Al cabo de un tiempo, las plantas y animales salvajes empiezan a escasear, así que la tribu cazadora/recolectora empieza a pasar hambre, la otra no, porque la otra no recolecta los alimentos, los crea.

Y ahí está el problema, Hugo. Tu dividiste el país en recolectores/cazadores y sembradores/criadores, y te quedaste con los primeros, desechando a los segundos, atacándoles, eliminándoles. Mira, Hugo, hace años llegó a Venezuela un señor, a un país donde no había televisión, y ese señor tuvo una idea: fundar un canal de televisión. ¡Imagínate! una apuesta peligrosa. Un canal de televisión en un país donde nadie tenía un televisor. ¿Le gustaría a la gente? ¿Estarían dispuestos a pagar por un aparato para ver su idea cristalizada? No…, no era una apuesta simple, pero él apostó. Y esa mente brillante se rodeó de montones de gente, de los más capaces, los más creativos, los más sabios, los más trabajadores, desde ingenieros innovadores a obreros capaces, y él, en el centro, coordinando toda esa maravilla. Y ese canal fue representación de lo que podemos hacer los venezolanos, de hasta qué punto el ingenio, la capacidad y la constancia pueden construir…, hasta que llegaste tú, y te quisiste apoderar de la obra creada, nada más que por soberbia y rabia a tu propia incompetencia.

Entonces le prohibiste transmitir en señal abierta, para tener la excusa de robarles su obra. Pero no te funcionó; por alguna razón extraña, no te funcionó…, lo que en sus manos era un canal rentable y muy visto, en tus manos se convirtió en un adefesio espantoso e inútil que sólo da pérdidas.

Hoy terminas definitivamente con ese canal (o al menos eso crees), porque no puedes soportarlo, su existencia te recuerda que robar no te sirvió de nada. Y así te pasa siempre Hugo. Eso, en ti, es una gran constante…, es tu gran pesar. Haciendas productivas que en tu manos son eriales…, canales de rating que hasta exportan programas, se convierten en bodrios que no ven ni los que te apoyan y mucho menos los que te adulan…, numerosas industrias productivas que truncas en otras quebradas…, hoteles que terminan siendo pensiones de mala muerte o refugios “poca estrella” para damnificados…, mercados y automercados convertidos en bodega…, bancos que acaban en lupanares de ladrones y usureros…

Y así todo, así siempre… ¿Qué pasa, Hugo? ¿Por qué nada te funciona? ¿Cómo es que robas cadenas de oro y acabas con collares de plástico? ¿Qué falla, Hugo? ¿Qué falla? Tienes el dinero, tienes la fuerza, tienes el poder ¡y no te funciona!… así es…, ¡Nada te funciona!… Has gastado millones en armas para amedrentar, para intimidar…, tienes ejércitos regulares e irregulares bajo tu mando para oprimir…, has comprado voluntades… ¡y nada funciona! ¡Er coño e’ la madre!…, ¡N o t e f u n c i o n a!

Y lo peor es que no entiendes nada… Eres presa de la ira porque no entiendes qué es lo que no funciona…, ¿Por qué, usando tantos recursos no logras, ya no crear porque sabemos que es imposible, pero al menos, mantener lo que esos hombres hicieron? Yo sí lo sé, Hugo, yo sé cual es tu problema, yo sé donde está tu falla. El error es que no has podido encontrar ni expropiar la piedra angular de todo esto, no has expropiado lo que hace que un supermercado sea supermercado y no bodega con anaqueles vacíos, escasos productos racionados e interminables colas de necesitados …, lo que hace que un canal de televisión sea visto y no un bodrio intragable que no ve ni la mamá del director…, eso que hace que un hotel esté siempre a reventar y no parezca o luzca como una pensión de mala muerte…, ¡Es el alma, Hugo! ¡Si…, el alma! ¡Eso es lo que tienes que expropiar!

El alma…, eso es lo que hace que un hombre cree, produzca, haga, invente. Es esa cosa que permite salvar obstáculos…, es esa cosa maravillosa que hace que un hombre, una mota de polvo en el universo, se convierta en un gigante capaz de transformar su entorno…, de someterlo a sus deseos. No es el dinero, Hugo, tu problema es de comprensión…, no es el dinero, es el amor, es el orgullo, es la tenacidad. No es ganar cada vez más dinero…, es simplemente tener una idea…, enamorarte de ella…, llevar la idea a la realidad…, verla crecer…, verla formarse…, ver que cobra vida y maravillarte diciéndote “eso lo hice yo”…, pensar que de no existir tú, esa maravilla no existiría…, que está allí porque la pensaste, la imaginaste, la hiciste. Es sentir que aunque esa obra a lo mejor no pase a la historia de la humanidad, ni del país siquiera…, será parte de la historia de mucha gente…, gente que de una u otra forma trabajó en o para ella.

El problema, Hugo, es que cuando expropias, robas descaradamente; pero solo robas lo físico: robas edificios, muebles, máquinas, pero eso son sólo cosas materiales. Lo que realmente mueve todo es la suma de voluntades…, lo que mueve todo es el cerebro y el alma de millones de hombres y mujeres que hacen que las cosas tengan vida, porque las cosas, cuando no tienen el alma del hombre que las hace útiles, no son nada. Los zapatos, Hugo, no son nada si no tienen al hombre que les da vida…, no son capaces por sí mismos de hacer huellas y marcar caminos…, son solo una mezcla de cuero, suela, hilos y pega, pero sin la mente del hombre, no son nada.

Y tú, Hugo, eres un pobre ser, un primitivo que piensa que si le robas a un hombre sus zapatos, podrás caminar como él. Lo que tienes que expropiar, Hugo, es el alma, y eso no lo puedes robar…, no importa cuántos cañones tengas, ni cuántos macacos vestidos de verde amedrentador envíes…, no importa cuánto miedo siembres, ni cuánto dinero regales, pues no puedes robar el alma…, no puedes robar la inteligencia, no puedes robar lo competente…, ¡y esa es tu grande y profunda arrechera, mesma! Que lo que quieres quitarnos, no nos lo puedes quitar. Ni siquiera nosotros, aún queriendo dártelo, podemos hacerlo; porque el alma y la inteligencia son intransferibles, lamentablemente para ti.

Hugo, tú me puedes quitar mi casa, mi negocio, mi dinero, y hasta mi vida…, pero más de eso, no me puedes quitar…, puedes incluso romperme el alma, eso no te lo niego, pero no la podrás usar ¡nunca!
Así que, ese es tu problema, Hugo…, el que tanto te agobia. Eso es lo que debes expropiar para que las cosas te funcionen, y como no puedes…

¡JÓDETE!

Fuente: ESTE ESCRITO FUE PUBLICADO EN NOTICIERO DIGITAL Y ESTA FORISTA FUE SUSPENDIDA POR 60 DIAS.

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